Eso era lo que él sentía cuando la miraba. Sentía tristeza, curiosidad y sobretodo unas inmensas ganas de verla sonreír. Quería ser capaz de hacerla feliz, pero ni siquiera era capaz de acercarse e intentarlo. Así qué resignado volteó la cabeza, alejo todo pensamiento sobre ella y jamás se permitió mirarla otra vez.
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